lunes, 10 de noviembre de 2008

Martes, 16 septiembre 2008: DÍA 8. Nairobi.


Nos levantamos como nuevos, tenemos la mañana libre y nos tomamos las cosas con calma. Bajamos a desayunar y el panorama es totalmente diferente al de la noche: las prostitutas han dejado sitio a un sinfín de minusválidos que han llegado hasta allí para una convención. En el restaurante los clientes que vimos por la noche aparecen más serios y sentados, prácticamente todos, frente a un portátil. Al fin y al cabo es para hacer negocios para lo que han llegado hasta allí. Lo de las putas será, digo yo, algo ocasional (o no). Desayunamos y pedimos un taxi. Vamos hasta un banco para sacar dinero y nos encontramos con que cuatro policías (o militares, no sé bien), armados hasta los dientes, están justo al lado del cajero. El viaje de vuelta hasta el hotel se convierte en paranoia cuando vemos que el taxista toma calles totalmente diferentes de las que ha elegido para llevarnos hasta el banco, callejuelas estrechas que nos hacen pensar que nos va a dar el sablazo, que nos parará en cualquier esquina y nos robará hasta los dientes. Empezamos a tranquilizarnos un poco cuando vemos que estamos ante las embajadas de diferentes países, ya que no sería muy lógico intentar atracarnos en un lugar lleno de militares. Nuestro viaje termina felizmente a la entrada del hotel y con el dinero, escondido en mil recovecos, intacto.

Nos vamos a comprar algunos souvenirs para los amigos que aún nos faltan. Así caemos en la tienda de un hindú (el primero simpático que conozco, todo hay que decirlo) que tiene unos inmensos escaparates en los que hay cien mil cosas diferentes. Grandes carteles anuncian que en el interior hay muchísimas más cosas. Entramos y nos llevamos la gran sorpresa, porque el local es más pequeño que los escaparates!! En realidad es un habitáculo de dimensiones ridículas, lleno a rebosar de todos los productos que podáis imaginar y alguno más... Hacemos las compras y encargamos tabaco. Nos dice que la cosa está un poco chunga, pero que nos lo conseguirá para la tarde. Cuando finalmente vamos a por él resulta que el Marlboro... es de un dutty free asiático!

Un poco de relax, algo de lectura y marujear por la ventana hacia la piscina del hotel donde se está celebrando una convención, haciendo tiempo tiempo hasta las 14.00, hora en la que hemos quedado con Willian, nuestro chófer/guía en Kenia, para hacer una excursión. Se presenta con puntualidad. Es un chico joven, alto, bastante atractivo y, aunque parece bastante tímido, tiene un punto agradable.

Emprendemos camino hacia el Museo de Karen Blixen, a quien todos conocereis por la película “Out of Africa” o Memorias de África (su título en español). La zona en la que está el museo se llama Karen y es un sitio residencial impresionante con mansiones enormes provistas de vigilancia privada y jardines de órdago. Willian nos comenta que es la zona más cara y lujosa de Nairobi. Tendremos ocasión de ver otras que están a años luz de esta y nos llamará, una vez, la atención, que en tan poco espacio tengan lugar tamañas diferencias.






Llegamos al museo, que es la casa en la que vivió Karen. Dentro no se pueden hacer fotografías, así que las cámaras están bien guardaditas. Una guía nos va explicando la apasionante historia de esta mujer, mientras observamos algunos de los muebles originales y otros que fueron utilizados en el rodaje de la película, así como algunos trajes de Meryl Streep y Robert Redford en el film, combinados con muchas fotografías de la escritora, tanto en su vida en África como de sus últimos años. Nos cuenta que la película no se grabó allí porque no había suficiente espacio para el equipo de rodaje, sino en una casa similar, aunque más grande, que está a poca distancia. También nos cuenta que la casa fue propiedad del gobierno de Dinamarca y que éste se la regaló a Kenia cuando lograron la independencia. Los jardines son inmensos y en ellos, además de alguna que otra planta de café (que tantos quebraderos de cabeza le dieron a la propietaria) y muchísimas flores bellísimas, vemos aperos y maquinaria agrícola de la época. Tras una visita a la tienda y hechas algunas compras, salimos hacia nuestro siguiente destino: el Kazuri Beads.

Kazuri fue fundado por Susan Wood y su misión es proporcionar y mantener las oportunidades de empleo para los miembros más desfavorecidos de la sociedad. Se dedican a la producción de joyería en cerámica de alta calidad, hecha y pintada a mano. En un principio dio trabajo a tres madres solteras. En la actualidad son más de trescientas cuarenta las que allí trabajan. Tienen incluso una clínica que proporciona asistencia médica a las trabajadoras y a su familia más inmediata y se hace cargo de un porcentaje muy alto de las facturas médicas de fuera de la clínica. La verdad es que te sube una cosilla por el estómago al pensar en que esas mujeres tienen la posibilidad de salir adelante de una forma digna, con un trabajo que podrá resultar pesado a lo largo de los días, pero que también tendrá su parte divertida, pues trabajan todas juntas, sentadas, charlando... como hacer manualidades, pero cobrando por ello. Más proyectos así deberían existir.






















En una visita guiada te muestran cómo transcurre el proceso desde la materia prima hasta las bellísimas joyas (pulseras, collares, pendientes) que venden en su propia tienda, y que exportan a todo el mundo. Reciben encargos desde los cuatro puntos cardinales (no teneis más que teclear “kazuri” en google y os saldrán cientos de páginas que comercializan estos productos). Cuando nosotros estuvimos allí algunas mujeres estaban trabajando con un fuerte pedido que les había llegado desde Alemania. También hacen encargos especiales. La visita resulta muy interesante y a mí, que no soy muy joyera, me costó salir de allí sin comprármelo todo!

La siguiente parada fue en el Giraffe Center, que es un horfanato para jirafas que, o bien no tienen padres o han sido rechazadas por el resto de la manada. También hay algún jabalí que otro. Viven en un régimen de semilibertad y son unas golosas tremendas! Los encargados de cuidarlas te enseñan cómo darles de comer y ellas no tienen ningún problema en comer de tu mano... llenándola de babas! Afortundamente, justo al lado hay un lavabo para que puedas salir de allí impoluto. La experiencia resulta extraordinaria pues puedes acariciarlas, tocarlas, ver absolutamente de cerca a estos animales tan raros, que parece que se van a romper de la forma tan extraña que tienen de caminar. Hay un edificio central con un porche al que puedes acceder para estar a la altura de los animales. Allí me llevé el susto del día, pues después de haber estado acariciándolas, dándoles mimines como si fueran mis gatos, me encuentro con que están llenas de garrapatas! Y ya me dieron los siete males, porque esos bichos me dan un asco de la manera, más desde que comprendí lo peligrosos que pueden llegar a ser (esa es otra historia, que tal vez cuente en otra ocasión).


















Desde allí, atravesando la ciudad (en la que es muy frecuente ver inmensos marabúes a la caza de un "delicioso" resto de basura), nos fuimos hasta un mirador impresionante desde el que hacernos una idea del centro neurálgico de Nairobi: el Parque Uhuru (desde donde se hace la toma de posesión del presidente o se dan grandes discursos), el Mausoleum de Jomo Keniatta, el primer presidente de Kenia, y el hotel Continental, donde habían estado alojados los PapásCostillos en su visita, son algunas de las cosas que observamos desde allí. Willian nos contó que los fines de semana el parque suele llenarse de familias que van a pasar allí una divertida jornada de picnic, pero que por las noches se convierte en uno de los lugares más peligrosos de la ciudad. Mientras estamos enfrascados haciendo fotos, aparece un individuo de lo más extraño, cargado de bolsas y que, en un momento dado, saca algo de una bolsa, algo que parece un viejo aparato de radio... y se pone a “hacernos fotos” a nosotros. Si es que dior los cría y ellos se me pegan todos!




De vuelta al hotel, nos sentamos un rato con Willian, que nos ha traído el libro de la agencia con el itinerario. El Costillo, que es un ojo avizor de mucho cuidado, ve que hay algunos cambios en referencia al programa original. Así se lo hace saber a Willian y éste se compromete a comunicárselo a su jefe y a arreglar las cosas. Ya veremos.


Subimos a la habitación y nos encontramos con las dos inmensas bolsas de ropa, convenientemente lavadas y planchadas. Más rápido imposible. Nos arreglamos y salimos en dirección al Carnivore. El Carnivore, que pertenece al grupo Tamarind, es uno de los restaurantes más famosos de África (y casi me atrevería a decir del mundo). El sitio es inmenso y acogedor al mismo tiempo. Nada más entrar te encuentras con una barbacoa de inmensas dimensiones en las que, atravesadas por lo que parecen “espadas” masais se van preparando las carnes. La carta del menú ha variado en los últimos años y ahora (afortunadamente) ya no es posible comer carne de ciertos animales. Antes eran muchos y muy diferentes los tipos de carne que se podían degustar. Ahora lo más exótico es el cocodrilo, que es de granja.

Sentaditos en la mesa, poniendo mil ojos para quedarnos con todos los detalles, nos sorprende la llegada del hombre-dawa. Dawa es una bebida riquísima (que se sube peligrosamente a la cabeza) que te preparan allí mismo, para ir haciendo un poquillo de tiempo hasta que llegue la “hora de la verdad”. El precio es único: pagas y comes hasta que no puedas más. En primer lugar te traen los platos, de hierro y muy calientes, y una tablita con pan y mantequilla. Luego aparece una curiosa bandeja de dos pisos: en el primero ensaladas, arroz y alguna cosilla más y el segundo con salsas diferentes para los distintos tipos de carne... y una banderita. Mientras la banderita continúe en pie, seguirán trayéndote comida. Cuando tu estómago te diga que pares o de lo contrario reventará, tienes que bajar la banderita... y así pasarán a los postres! Tras la sopa empieza el desfile de camareros, cargados con sus espadas, en las que llevan inmensos trozos de carne. Probamos de todo, claro, para eso estás allí. El cocodrilo no me dijo nada, absolutamente nada. De hecho, pasé de repetir. De avestruz nos trajeron albóndigas que estaban buenísimas... pero lo que más me gustó fue la ternera y el cordero, que estaba de muerte!! Es que babeo sólo de pensarlo. Si al final soy más simple que el mecanismo de un botijo. Tienen también una pequeña tienda en la que puedes comprar desde llaveros a los palitos con los que hacen el dawa.

Como en tantos otros sitios (y aquí sí estoy totalmente de acuerdo) en el restaurante no se puede fumar. Así que cuando les preguntamos si había algún lugar dónde poder hacerlo, nos respondieron que sí y nos acompañaron hasta la mitad del camino... y es que estaba a tomar por culo, que yo iba caminando y pensando si no nos saldría una bestia salvaje atraída por el olor de las carnes que se iban cociendo en nuestro estómago... pero no. Al final llegamos al lugar reservado para fumadores (y que los no fumadores seguramente se perderán): un círculo enorme formado por varas, probablemente de bambú, pero era de noche y no estoy segura. Con un inmenso árbol en el centro y la luna iluminándolo todo (esto no fue cortesía del restaurante). Nos fumamos el pitillín y tomamos el camino de vuelta, que oye, vino muy bien para ir haciendo la digestión. Desde allí nos pidieron un taxi y regresamos al hotel, no sin antes observar atónitos como un coche, en medio de la ciudad, se estampinaba contra un muro. Al taxista casi se le salen los ojos de las órbitas y el corazón del pecho del susto que se llevó. Pobre hombre.

Mañana volveríamos a la vida salvaje, así que tocaba dormir a pierna suelta para estar preparados... nos iba a hacer falta!

Continuará...

Días anteriores:
Día uno, aquí.
Día dos, aquí y aquí.
Día tres, aquí y aquí.
Día cuatro, aquí.
Día cinco, aquí.
Día seis, aquí.
Día siete, aquí.

23 comentarios:

Thiago dijo...

Pero qué monos papá y mamá Costillo con sus jirafitas garraptoides, jaajja

bueno, me ha dado hambruna lo de la barbacoa... ¿no había costilleta de explorador? Parece que en un restaurante que se llama Carnivore... jajaa

Bezos.. Me ha gustado mucho Nairobi.

Stultifer dijo...

...tenemos la mañana libre... ¿El resto del viaje estabas atada?

anselmo dijo...

jO, que sitio mas genial...y que pedazo máquina teneis que tener para que salgan tan chulas.
Lo del gato, genial

weblara dijo...

Que buena acción la de Susan Wood, deberían haber más mujeres con iniciativas similares.
Por cierto el costillo y tu, estáis guapísimos con las jirafas.
Besucos!!

La chica de ayer dijo...

Cariño, tu viaje da para escribir un libro o varios!!!!!

Sufur dijo...

¡Qué monada de jirafas! Creo que nunca he visto ninguna en vivo...

gaysinley dijo...

Que bueno lo del proyecto Kazuri, me han encantao las fotos y el relato, las jirafas siempre me han parecido de los más graciosas... eso sin desparasitadas por favor!

Un beso. Alberto

Javi dijo...

En la tienda de recuerdos ¿Comprastes algo para nosotros? jejeje.

Besos.

noelia dijo...

wapa que bonito todo lo que cuentas!!! que monas las girafas nunca he tocado a ninguna pero me encataria estar asi como tu buenas noches muaks

BIRA dijo...

IAGO, es que las apariencias engañan y a pesar del nombre... de carne humana ná!
STULTI, puntilloso! Libre de planes organizados!
ANSELMO, la mía es una mierdecilla cámara, aunque a mí me encanta y las fotos de hoy son prácticamente todas con esa.
WEBLARA, gracias reina. Pues sí, me parece una forma correcta de ayuda, sin imposiciones, dándoles un trabajo y que sean ellas quienes decidan en qué forma quieren vivir.
LA CHICA, seguro habrá muchos ya escritos!
SUFUR, ni siquiera en un triste zoo?

BIRA dijo...

GAYSINLEY, cierto. Y no veas las cosas monísimas que hacen. Yo me lo quería comprar todo, todo, todo. Lo de las jirafas y las garrapatas, umm, mala combinación, no? :P ahora, si me ves quitar la mano a la velocidad de la luz te partes!
JAVI, para vosotros hago el relato y cuelgo fotos (ejem, ejem)...
NOELIA, gracias. Tienen el pelo muyyyyyyyy suave. No sé porqué yo me había imaginado que sería de otra forma.

Gracias a todos por pasar.

haquiles2001 dijo...

hola Hija de Espinete
qué pasada la foto con la jirafa,me ha encantado,es uno de mis animales preferidos y visitar el museo de Karen Blixen,Ay Dios que suerte tienes cari¡ lo que me alegro por tí¡
y toda esa carne con salsas si entra Homer la lia parda,se come hasta a los camareros¡
besazos fuertes del tio Bruno que te quiere miles

BIRA dijo...

Ay Bru, qué ilu que me ha hecho tu comentario y lo que me he reído con él, jodío. Lo de hija de Espinete es que me llega al alma. En el museo fue uno de los lugares (porque hubo más!) en los que más me acordé de ti, porque sé lo que te gusta esa película y su banda sonora. Si me toca la lotería, un día nos vamos tú y yo a África a comernos el mundo como mínimo! Y si se pone tonto, a algún camarero también! Vive Buda!
Te quiero miles, roulo!

conxa dijo...

ostras Bira, cuanto detalle del día, ¿o me lo ha parecido a mi?

Bueno pues decidido, no puedo morir sin probar esa bebeida y sin bajar la banderita, cada día lo tengo más claro.

Que cague lo del taxista al principio no??

Di dijo...

Os imagino como el muñeco de michelin rellenos de billetes! jaja. Yo con los taxistas siempre tengo la impresión de que me llevan por el camino más largo para engañarme! Lo del badulake me ha dejado a cuadros! y lo de tener que ir a un camino a fumar es increíble! Yo creo que no comería en esos restaurantes no me fío no me fío igual no era cordero lo que tanto te gustó... Saludos!

Amaveli dijo...

Lo que yo me pregunto es :p ¿Dónde está la foto de Willian? digo, si es tan guapo como lo describes, sería muy buena idea que pongas su foto u_u bueno, eso digo yo... Y sí, tienes razón con lo del kazuri, lo busqué en google y me aparecieron muchas páginas, de hecho me fui a imagenes y la verdad es que están estupendos esos accesorios.

Espero que te la sigas pasando fenomenal! Que tomes mucho ¿dawa? y no fumes taaanto, te hace daño!! Bueno, sé que ya lo sabes, pero es que se siente bien horrible no poder respirar :(

Saludos y aguas con las jirafas babosas xD

Carabiru dijo...

Aquí en Coruña, al lado del piso donde viví un año, hay un brasileño que hace más o menos lo mismo de las espadas con carne, claro que de cocodrilo no hay, jejejejee.

:P pero sí piña a la brasa para cambiar el paladar entre carne y postres, jejejejeje.

alfonso dijo...

es bonito leer historias de personas que hacen cosas por los demas

por cierto lo unico que cambia del dia a la noche es el tipo de negocio

Laura dijo...

Me ha encantado lo de Karen Blixen y Susan Wood. Y que requeteguapos estáis en las fotos!
Besos.

noelia dijo...

tenes premio pasate muaks

BIRA dijo...

CONXA, si es que no sé resumir : (

DI, pero al final del camino el sitio era idílico! Eso de los restaurantes y la desconfianza me pasa con los chinos, pero los africanos son buena gente, mujer, no harían esas “cosas”...

AMAVELI, probablemente vendrá en algún otro post, que todavía falta mucho viaje. Lo siento por vosotros! Con lo de fumar te pido perdón aunque nunca te haya echado el humo cerca... hay que intentar dejarlo, aunque no sé bien cómo.

CARABIRU, umm piña a la brasa!! La piña me encanta y la que comí allí (que no me la saltaba ningún día) me pareció la mejor del mundo mundial.

ALFONSO, bienvenido! Hay negocios en los que mejor no entrar....

LAURA, gracias tesoro. Me he alegrado mucho de tu olvido (el de la fecha, tú sabes).

NOELIA, otro?????? No creo merecerme tantos, mujer! Me pasaré...

conxa dijo...

Bira cielo, si no quiero que RESUMASSSSSSSSSS

JAAC dijo...

Pues parece que había algo que ver en Nairobi. En la guía de viajes ponía que lo más emocionante de Nairobi era conseguir salir de la ciudad con vida... aunque supongo que si te van llevando será menos peligroso.

Lo de las jirafas sí que es chulo, verlas ya es impresionante, pero lo de tocarlas debe ser para nota. Y lo de las garrapatas pues un animal más que ver en el safari.

Y lo de la comida... jajaja, nosotros volvimos con kilos de más, pero nos hemos resarcido, en este último hemos perdido unos cinco kilillos.