sábado, 29 de noviembre de 2008

Viernes, 19 septiembre 2008: DÍA 11. LAKE NAKURU I

Efectivamente, la segunda noche en tienda fue mucho más agradable. Dormí como un bebé, sin pensar siquiera en otro bicho que no fuera yo misma. Nuevamente tocó levantarse tempranito, a las siete habíamos quedado con William, con el que nos reunimos después de desayunar como reyes y despedirnos de Oliver. El Costillo se lo quería llevar con nosotros y es que el hombre nos trató divinamente. Pero no hubo forma, así que tuvimos que volver a despedirnos de una persona encantadora, otra más de las muchas que nos fuimos dejando en el camino. Tras las despedidas nos pusimos en marcha, cruzando nuevamente buena parte del Mara para retomar la “carretera” por la que habíamos venido hasta él. Tal y como hicimos a la ida, en el viaje de vuelta volvimos a parar en el Curio Barcelona. Sí, sí, como leís. Son tantos, según nos dijeron, los turistas españoles, especialmente catalanes, que le han puesto así a esta tienda de souvenirs. Nos tomamos un cafetón, coincidimos con otros españoles, volvimos a charlar con los de la tienda, en la que no compramos nada, pues ya habíamos hecho nuestras compras días antes. Allí nos dimos cuenta de que en algún sitio habíamos dejado olvidado el sombrero del Costillo, miramos para comprar otro pero no había ninguno que nos gustase.












En un momento dado, abandonamos la “carretera” para adentrarnos en un camino por el que tendrían dificultades para caminar hasta las cabras montesas. Fue todo un show porque, además de estar sin asfaltar, estaba llenísima de barro y había unos baches que parecían cráteres. Fue sin duda la peor de todas, mucho peor, incluso que las pistas que hay dentro de los parques. A ambos lados, más poblados y muchas casitas aisladas, allí puestas en medio de la nada. Hicimos una parada en Narok para repostar gasolina y fue allí donde el Costillo confirmó que el William nos había tomado por pardillos. No sabía el muchacho con quién estaba tratando (el Costillo es de los que, cuando hay que protestar, protesta por todo, vamos, no se calla ni muerto, y bien que hace). El lince que tengo por marido observó que llenar tres cuartos de un tanque de gasolina costaba unos 60 ó 70 euros, que nosotros habíamos gastado sólo un cuarto el día anterior y que el mamarracho de William se había pasado de listo. Sospechas ya teníamos, pero eso lo confirmó. Decidimos no decir ni esta boca es mía. Ya habría tiempo de eso.














Al salir de Narok los paisajes se volvieron aún más increibles, con muchas montañas y un verde imposible. Contemplarlo era como estar frente a un inmenso mar verde lleno de movimiento, de vida. No sabíamos hacia dónde mirar porque todo llamaba nuestra atención. Praderas infinitas en unos tonos verdes que ni el mejor pintor sería capaz de emular. Pero el camino seguía siendo desastroso, cada vez era peor, aunque a nosotros nos parecía imposible que pudiera empeorar. Más de uno tuvo algún que otro disgusto. Nosotros no tuvimos demasiados problemas, pero la nissan parecía una bailarina mareada. Nos tocó, eso sí, estar parados un buen rato esperando a que intentaran sacar a otros vehículos que iban delante de nosotros de aquel atolladero. Mientras los hombres peleaban con las máquinas y el barro, yo me estuve haciendo unas risas con unos niños de un poblado. Qué picarones, y qué mala mirada me echaba la madre... supongo que pensaría que me los iba a llevar o algo, porque sino no se entiende. Ahora bien, ellos y yo nos descacharramos de risa poniéndonos caras raras. Debieron pensar que estoy un poco loca, pero eso no es novedad. En esa zona se quedó mi foto perdida. Hay imágenes que capta nuestro ojo pero no podemos, por la razón que sea, inmortalizarla con la cámara. La mía fue la siguiente: en un pequeño montículo, al borde del camino, sobre la manta verde que componía el paisaje, nos encontramos con tres niños, dos muy pequeños y otra un poco más mayor, que les abrazaba. Los tres se cubrían del sol con un inmenso paraguas con los colores de la bandera de la libertad o del orgullo gay, ustedes eligen. El contraste era tan bestial y sus sonrisas tan auténticas que me arrepentiré siempre de no haberle dicho a William que parase para poder fotografiarlos (no lo hice por si después no podíamos poner la Nissan en marcha y nos quedábamos allí tirados), pero sé que esa imagen estará siempre en mi mente. También nos encontramos con una fábrica inmensa de cereales... la materia prima la tenían bien cerca. Fueron cinco horas de viaje increible, que terminó agotándonos, pero del que disfrutamos muchísimo, pues de verdad el paisaje era espectacular. El Costillo decía que le recordaba las imágenes de Galicia que ha visto por la tele. Yo creo que todavía era más verde. En cada sitio donde había más de tres casas existía un mercado y mil cosas para vender, también nos cruzamos con muchos vendedores, que tenían sus pequeños puestos a los lados de la carretera. La zona está muy poblada y pudimos observar de nuevo la cantidad inmensa de niños que hay en África. Muchos, otra vez, iban descalzos pero con su uniforme del cole.


Por fin llegamos al MAILI SABA CAMP, que resultó maravilloso, en el que sólo hay plaza para veinte personas. Salieron varios de los trabajadores a recibirnos, con una cordialidad como si nos conocieran de toda la vida. Mientras el Costillo se hacía cargo de los detalles yo me dediqué a cotillear por el amplio salón comedor, marujeando por todas partes y apreciando cada detalle. Las tiendas, una vez más, son como cabañas en las que la parte delantera, que es donde está la habitación es una tienda de campaña (en este caso cubiertas por otro tejadillo de paja) y la parte posterior, que es donde se encuentra el cuarto de baño cuenta con muros de verdad. Esta es mucho más amplia que la que disfrutamos en Masai Mara y cuenta con una cama inmensa en medio del cuarto (la otra tenía dos, una de matrimonio y otra individual, pero eran más pequeñas). Unas lamparitas, unos muebles hechos muy simples para colocar las maletas y un cuarto de baño precioso, con un tono rojo “pasión” en las paredes absolutamente genial. La ducha se ganó el premio a la mejor que he probado en mi vida. De estas de chorro intenso, con agua calentita todo el día, muy amplia, fantástica. Los detalles y muebles en madera muy oscura destaban de forma impresionante con el rojo de los muros. Las vistas ya eran cosa aparte, pues las casitas están situadas justo enfrente del Cráter Menegai, en el que antiguamente los masais arrojaban a sus muertos, y que es de una belleza espectacular. Si buscais paz, relax, confor y bienestar en el diccionario, seguro viene una foto de este lugar! Cada tienda cuenta con una pequeña terracita y estar sentado allí con esas vistas increibles es lo más cerca que uno puede encontrarse del paraíso. Esto debería estar subvencionado por la Seguridad Social.
























Continuará...


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9 comentarios:

conxa dijo...

oh!! Biraaaa con la boca abierta me quedo cada día que leo el diario de tu viaje !!!

vaya con el Willian,menos mal que el Costillo es super listo para estas cosas.

Lucia dijo...

Buenos Dias Bira!!

cada vez que leo uno de tus post acerca de tu viaje hay un sentimiento llamado envidia que recorre mi cuerpo jeje, envidia por no poder vivir la infinidad de cosas tan marvillosas que tu estás viviendo...aunque gracias a tí puedo conocer un poco más estos lugares. Gracias por tus incribles Post!!

que tengas un buen día

sonia7386 dijo...

Menudo contraste entre estas fotos y las que habias enseñado primero del viaje, aquellas en las que salia la sabana con todo desertico y estas en las que se ve todo lleno de verde intenso jeje y la habitacion tremendamente elegante y acojedora!!!

gaysinley dijo...

Te comento aquí los dos posts, pues empecé a leerlos al revés primero el de arriba y luego este pensando que era uno sólo.

Espectacular reportaje y vaya aventuras y desventuras con el Costillo... jajaja!. Estas anécdotas luego casi son lo mejor del viaje y lo que se recuerda y te ries dentro de unos años.

Me han encantao las fotos, los flamencos que graciosos todos tan rositas... jijiji!.

Un beso y he tardado en pasar porque ando cambiandole el look al blog... jijiji.

Besitos wapa!

yeray dijo...

Jo bIRA YO VIVO EN AFRICA Y NUNCA HE VISTO NADA DE ESO!!

anapedraza dijo...

¿Qué puedo decir? ¡Fantástico!

¡Besos!

MIGUEL

BIRA dijo...

CONXA, qué pena que no vivamos más cerca la una de la otra para que pudieses ver el libro que hemos hecho. Te encantaría y te animarías, de una vez por todas a hacer el viaje, jeje.

William no era mal chico, sólo un poco pipipollas. besos.

LUCIA, estoy segura de que esa envidia es de la sana. me alegra ser la vía por la que conozcas estos países fabulosos. Ojalá pueda enseñarte muchos más. Besos.

SONIA, ya te digo, el paisaje era absolutamente diferente, nada que ver con las primeras fotos en las que todo era en tonos ocres y amarillos. Aquí la vida parecía gritarnos algo, aunque haya quien no quiera entenderla bien :)

BIRA dijo...

GAYSINLEY, en principio lo había hecho como un post, pero es que era tan sumamente largo que hasta a mí me parecía excesivo (con los rollos que suelto normalmente) por eso decidí colgarlo en dos y que no fuese una tortura leerlos. Me alegro de que te hayan gustado tanto y te comunico que todavía hay pendientes algunos más, que el viaje dio para mucho.

YERAY, es que la zona en la que tú vives (aunque no he tenido el placer de conocerla) me parece que tiene más bien poco que ver con la que yo visité. La ventaja que tienes es que tú estás más cerca para dejarte caer por allí. Una foto de tus playmobil con los masais debería ser la hostia!!

ANAPEDRAZA, qué vas a decir si ya lo digo todo yo, jajaja. gracias, cari.

Besazos a todos y gracias por comentar!

JAAC dijo...

Enorme contraste entre la zona seca y la húmeda. No me extraña que el Costillo pensara en Galicia. A mí me pasó lo mismo la primera vez que fui a Marruecos. Acostumbrado al sur de España bastante "marrón" cruzar el estrecho y encontrarse con el Alto Atlas lleno de verde y de agua era algo que no esperaba.
Está claro que las lluvias y los coches atrapados en el barro os perseguían, ¿eh? no sé si no os quedaréis en alguna antes de que acabe el viaje.
Pedazo de cabañas para dormir, hotelacos de lujo es lo que son!