miércoles, 14 de mayo de 2008

Hong Kong: HK I




Nos habíamos quedado en el autobús que nos recogió en el Aeropuerto Chep Lap Kok. Hong Kong (en adelante HK) es un lugar que no te deja indiferente. Para llegar hasta el hotel tuvimos que cruzar el Tsing Ma Bridge, el puente en suspensión más grande del mundo, una maravilla arquitectónica de 55.000 toneladas. Nuestro hotel, el Salisbury estaba en la Península de Kowloon (“nueve dragones”), una de las áreas urbanas más densamente pobladas del mundo, a pesar de que sólo ocupa unos pocos kilómetros de la isla de HK. En su página web, entre otras cosas, podréis observar las maravillosas vistas y el espectáculo que suponen los edificios por la noche.





Otra sorpresa “contra el SARS” nos esperaba a las puertas del hotel, donde unos felpudos especiales te daban la bienvenida. Al abrirse o cerrarse las puertas y al pasar sobre ellos, desprendían una especie de desinfectante (vaya usted a saber compuesto de qué) para evitar posibles contagios de SARS. El hotel nos sorprendió muy gratamente, inmenso, muy limpio, una habitación muy amplia y con unas vistas espectaculares sobre el Puerto de Kowloon y la isla de HK. Justo enfrente del Centro Cultural de HK (de estructura minimalista y el tejado cubierto de azulejos, allí tienen lugar diversos festivales de arte local e internacional y alberga varios museos) y del Tsim Tsa Tsui, torre del reloj ferroviario situada en el embarcadero, reliquia del ferrocarril Kowloon-Cantón, estación terminal del expreso de Oriente. Justo al lado se encuentra el hotel THE PENINSULA, el más caro de HK y uno de los más lujosos del mundo, resquicio tal vez de la antigüa época colonial. Cuenta con heliódromo y sus propios helicópteros, así como con una auténtica flota de Limousinas y Rolls Royce para el uso de sus selectos clientes. Nosotros no podemos permitirnos tanto lujo, pero las vistas fueron igual de buenas (que el que no se consuela es porque no quiere!). Dejamos el equipaje en el hotel y nos dispusimos a empezar la aventura, había poco tiempo y demasiadas cosas para ver. La primera salida fue para comer algo y claro, como siempre hemos escuchado aquello del “donde fueres, haz lo que vieres” nos metimos en un antro de difícil calificación. Era un foodcourt (para los que no los conozcan, son sitios normalmente bastante grandes, donde existen diferentes restaurantes y cafeterías que comparten, en la zona central, las mesas). A veces resultan un auténtico coñazo, pues en un sitio tienes que coger la comida y en otro la bebida (como nos pasó a nosotros). El Costillo optó por una especie de sopa (por llamarlo de alguna manera, porque había más ingredientes sólidos que líquidos) de olor absolutamente repugnante pero que no estaba mal. Yo, que no soy muy partidaria de la cocina oriental (por miedo a la procedencia de los ingredientes, que en China hay un dicho que asevera que todo lo que tiene cuatro patas y corre o vuela puede ir a la cazuela, menos los aviones y las mesas. Ahí es ná), me decanté por un arroz frito con huevo crudo y carne, presuntamente de cerdo. No era el típico sitio turístico, por lo que los tenedores brillaban por su ausencia: a darle a los palillos!




Para bajar la “deliciosa” comida nos fuimos a dar un paseo por el Kowloon Park, que tiene jardines chinos con charcas de loto, un jardín de ajedrez y miles de plantas exóticas. Nos sorprendió también que había un montón de gente haciendo tai chi, algo que tendríamos ocasión de ver con frecuencia, incluso cuando nos levantábamos a las seis de la mañana!!, nada más abrir las cortinas y echar una ojeada, ya veías un montón de personas dándole al tai chi en la explanada que hay delante del Centro Cultural.


















La calle más famosa de Kowloon es NATHAN Rd, más conocida como la “milla de oro”, llena de joyerías, tiendas de electrónica y cientos de hindúes que intentan endiñarte rolex más falsos que las monedas de tres euros. También es alucinante la cantidad de aparatos de aire acondicionado que asoman por los edificios (aunque si tenemos en cuenta las temperaturas y el grado de humedad que tienen que soportar, lo raro sería que no los tuvieran).







Otro lugar que no puede dejar de visitarse es el Mercado en TEMPLE STREET. Esta zona era conocida por sus templos, pero hoy es una auténtica gozada donde encontrar juegos (más falsos que Judas) para todo tipo de consolas (con opción de prueba allí mismo), bolsos, camisetas y todos los productos del mundo que podáis imaginaros. A cada paso te encontrabas con el montaje/desmontaje de puestos más rápido que he visto en mi vida, dependiendo de si había policías a la vista (ya quisieran esa velocidad los del top manta). Puestos de tabaco (de contrabando) que aparecían ante tus ojos, te ibas a comprar y plaf, ya había desparecido. Otros puestos que, supuestamente vendían bolsos, o muñecos o cualquier otra cosa, pero que debajo de los faldones escondían toneladas de cigarros. La oferta de productos parece no tener fin. Ver para creer. Allí nos encontramos también con un montón de muñecos que pretendían representar a Raúl (el del Real Madrid!!) y a Beckham. Bueno, de este ultimo había de todo, además debió coincidir con la salida al mercado de una biografía suya y no vimos ni una sola librería que no tuviese el libro en el escaparate. Aquí, como en todas partes, os deslumbrarán las luces de neón, que parece que las regalan, oiga! Los domingos el mercado es todavía más grande y la marabunta es tal que no sabes dónde mirar: parapsicólogos que te ofrecen predecir el futuro, masajistas, fetiches sexuales para todos los gustos, tendencias y bolsillos, películas porno en plan bibliobús, bolsos por catálogo (que tú dices me gusta este “Vuitton”, señalándolo en el catálogo más gordo que el Libro idem de Petete, y a los dos minutos aparece un chino salido de vete a saber dónde con el bolsito en cuestión). También cuenta con restaurantes al aire libre, donde ostras, gambas, almejas, langostas y pescados se presentan en mesas de hielo para que el cliente elija. Es una experiencia que pocos podrán olvidar. El mercado es inmenso y, de verdad, puedes encontrarte de todo. Eso sí, si logras hacerte paso entre los miles y miles de personas, que parecía un concierto de los Rolling! Pero a cada momento. No importa a qué hora salgas a la calle, no importa si madrugas o te gusta trasnochar, te encontrarás las calles hasta la bandera de gente. No en vano esta zona es una de las más pobladas del mundo. En aquella época se estimaba la población de HK en unos siete millones de habitantes. En Holanda, unos dieciséis millones. Haced los cálculos que yo me mareo.



Teniendo en cuenta el número de habitantes, sorprende lo bien que funcionan los medios de transporte público, de los que hay buena variedad: ferrys, metro, bus, omnibus, barco-taxi… El FERRY une Kowloon con la isla de HK. Puedes elegir entre viajar en primera o segunda clase. La diferencia es ir en cubierta o abajo. Para viajar en primera tendrás que pagar la fortuna de 22 céntimos de dollar de HK, 17 si vas en segunda. Los barcos, por llamarles de alguna forma, son bien simples y constan de hileras de bancos, sin demasiada protección ni seguridad en la que cada uno coge el sitio que pueda. Dentro de las estaciones de embarque te encontrarás (otra vez) con cientos de tiendas, desde las típicas con souvenirs a otras donde te hacen trajes a medida en cuestión de horas.


El METRO es impresionante. Impecablemente limpio, las gentes caminando por el lugar que les corresponde (en el caminar, como en el conducir, mantienen requicios coloniales y lo hacen siempre por su izquierda), y casi en fila india. Las vías se encuentran aisladas de los andenes por cristales (no sé muy bien si para evitar suicidios, tan molestos, o desafortunados accidentes que pudieran producirse por la cantidad de gente que hay siempre allí). Cuando el metro hace una parada es el único momento en que los cristales se abren y entonces, una vez más, te sorprendes de lo cívicos que son, pues siguiendo las flechas que hay en el suelo, los que entran lo hacen permitiendo la salida de los pasajeros, cada uno por su sitio. Existía ya entonces (enero de 2004) un sistema de tarjetas, llamadas OCTOPUS, válidas para los barcos, los buses, el metro. Digitales, y no es necesario que las saques del bolso, pasas éste por el lector y voilà a viajar sin perder un segundo!.


Tan impoluto como el metro está el resto de la ciudad: no conseguimos ver ni una sola colilla en las calles, ni un papel… nada! Lo que sí ves cada poco son ancianos (que parecían tener mil años) con una especie de carromato de lo más peculiar, escobón en mano y dale que te dale, que os digo que el suelo brillaba como la patena. Nunca había visto una ciudad tan limpia (pocas cosas hay que me pongan tan nerviosa como ver las calles llenas de mierda, todo hay que decirlo).



Para subir al VICTORIA PEAK (Cerro de la Victoria), la principal atracción turística de HK, tuvimos de coger un funicular infernal (Peak Tram), que parecía que estabas subido en la montaña rusa y para bajar, como es unidireccional bajabas de espalda, una cosa mala oigan. Y es que, envolviendo la exuberante ladera de la montaña, son 396 metros de pendiente. Es importante ponerse a la derecha (en la subida) pues es desde donde mejores vistas hay. Pero mereció la pena. Es un trayecto corto y desde allí, el punto más alto de HK, las vistas del Puerto y la ciudad son de escándalo. A medida que vas subiendo se te va quedando más cara de tonto, porque los rascacielos inmensos van dejando sitio a propiedades particulares de gente de mucha pasta: las mansiones son de caer de culo y los cochazos que se ven aparcados para no poder levantarte más. Arriba están el centro comercial (existe también un Madame Tussaud), y la torre Victoria con unos miradores impresionantes (a pesar de la tremenda contaminación que sobrevuela la ciudad). Desde allí se observa perfectamente la forma tan “peculiar” en la que todo está distribuido: los rascacielos, que asemejan celdas de abejas, parecen llegar al infinito y más allá están rodeados por inmensas “manchitas” verdes: diferentes jardines, parques. El contraste entre las altas torres y la vegetación resulta encantador (Podéis ver todo esto y mucho más en su página web, también una panorámica de 360 muy interesante, de día y de noche). Además de pasear y flipar con las vistas anduvimos haciendo el canelo (como siempre) y sacándonos fotos subidos en un carrito de esos que salen siempre en las películas, con chino incluido, por el módico pago de unos cuantos dólares.




Pstttt.- Perdonad la pésima calidad de las fotos y el hecho de que no todas sean mías (o del Costillo). Es que son fotos de fotos y postales, vamos que me he puesto cámara en mano a hacer fotos de las fotos del álbum (por aquella época no teníamos cámara digital, maldita sea!! y me da una pereza tremenda ponerme a escanearlas todas, porque tendría que despegarlas, con el riesgo de romperlas o romper el papel del álbum, volver a pegarlas... un rollo que espero sepáis comprender, sino perdonar).


Continuará...

13 comentarios:

anselmo dijo...

¡¡¡que sitio!!!
Es otro mundo y me encantaría ir para alla.
Suertuda, que yo a lo más que llego es a Granátula de Calatrava XD o a Motril

Laura dijo...

Ay, que envidia (sana) que me das. Como siempre, muy bien descrito e ilustrado, aunque me quedo con ganas de ver la foto en el carrito con el chino.

Caramelo dijo...

Como dice Laura, que envidia, de la buena eso sí.
Fantástico viaje y fantástica crónica. Hay tantos lugares que quiero visitar y tengo tan poco dinero para viajar.

BIRA dijo...

Gracias, majos, que sois más majos que las antiguas pesetas (los euruscus ni me gustaron ni me gustan).
La verdad es que fue un viaje del copón. El Costillo quiere volver porque nos quedaron muchas cosas por hacer y porque la ciudad le fascinó.

A mí me gustó mucho, pero creo que no me gustaría tanto si tuviese que vivir allí, demasiada humedad y demasiada gente, por el resto bien.

A ver si me pongo y preparo la tercera y última!! entrega.

Que tengáis un buen día!

Thiago dijo...

La verdad es que Hong Kong está pasando a ser una de las ciudades iconos del Siglo XXI. De hecho yo prefiero ir a NY que a Roma, nuse... Voy mas con la arquitectura moderna. Lo malo es lo de la contaminación ¡qué alergia! yo que estornudo enseguida, jajaja

Eso si, y ¿qué es eso de que te hacen un traje a medida en 24 horas? es ahi en ese mercado que dices?

bueno, da gusto desayunar, ir a Honk Kong a media mañana y volver a madrid para el aperitivo, jajaaja

Bezos.

Di dijo...

Hola que envidia me dan tus posts! yo lo más lejos que he ido ha sido a Santiago! Tus post me recuerdan al programa Dutty free y al programa Españoles por el mundo.
Bonita fotos! Saludos!

Alber (GSL) dijo...

Muchas gracias cielo por tu coment, te descubrí tarde, pero me encanta viajar, así que te seguiré de puntillas... En cuanto al blog, ha sido una decisión más que sopesada y me estaba tiranizando mucho, restándome tiempo para mi vida... en fin... así son las cosas...

Cuídate y un besazo. Alber

The Pilgrim dijo...

Que viaje tan fascinante, y aún más por como lo cuentas! Dan ganas de coger un avión e irse leeeeejos...
(Genial el anterior post gatuno también!)

Besos

BIRA dijo...

Buenas! Lo de la contaminación, como puedes ver en las últimas fotos (tomadas desde el Victoria) es ho-rro-ro-sa. Pero claro, 7.000.000 de almas son muchas almas!! y el espacio no es inmenso.
Por lo de demás, no te adelantes, jeje.

Gracias Di. Ya quisiera viajar más, pero la lotería me rehuye casi tanto con Brat Pitt! Ains, qué desesperación. Se hace lo que se puede pero quiero mássss.

Pilgrim, si te vas, "llevameeeee con vos", quiero salir del lugar donde la gente parece no dormir!

Besos a todos y gracias por pasaros!

BIRA dijo...

Alber, tu comentario me ha llegado al alma. Puedes venir de puntillas o traerte el pijama y quedarte, eres bienvenido, ahora y siempre.

Te entiendo perfectamente y por eso espero que te pase lo mejor, y que seas feliz.

Un besote inmenso!!!

Di dijo...

Hola, antes pasé y dejé un comentario y no aparece, pero bueno da igual. Bira te decía que estaba escribiendo mi post de hoy y sentía tu presencia! estaba aun revisando la ortografía y salió tu comentario! jajaja. A ver si algún día nos escribimos sin post de por medio! Saludos, luego me paso a leerte.

BIRA dijo...

Ay, Di, es que estoy al quite, a ver quién ha publicado post!! Un poco más y te pillo en obras, jeje.

Un besote, salada!

Anónimo dijo...

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