sábado, 24 de mayo de 2008

No me hago ilusiones...

Ayer mi post terminaba con un tono agridulce que preocupó a mi querida Laura. No me había pasado nada a mí (ni a nadie cercano, gracias al Cielo), al menos de forma directa… aunque hay cosas que aparentemente no nos afectan y sin embargo dejan una huella indeleble en nuestra memoria. Antes de salir de casa había estado leyendo el periódico y, entre otras noticias, venía una que informaba de la situación límite en que se encontraba el montañero Iñaki Ochoa de Olza y las circunstancias en las que se estaba llevando a cabo la ayuda médica y el intento de rescate. Los días anteriores ya habían aparecido noticias en relación a este tema, pero al leer "situación límite" se disparan los sentidos. y sueñas y dices: todo se va a arreglar. Seguro. Sigo siendo una ilusa.



Nunca he entendido muy bien qué mueve a estos valientes a esas aventuras titánicas en las que ponen en juego su vida. Soy cobarde y vaga, y estas proezas se me han escapado siempre. Como ignorante en montañismo y eterna soñadora creí con fuerza que iban a llegar a tiempo, que veríamos imágenes de otro montañero que lo ha pasado mal, muy mal, pero que pasado un tiempo volvería a intentarlo. Son así.



Al volver a casa, apenas unas horas después, volví a abrir el periódico y la primera noticia que vi (quizás porque mis ojos buscaban información de forma inconsciente, o tal vez más consciente que yo misma) fue la del fallecimiento de Iñaki.



No alcanzo a entender porqué en ocasiones me afectan tanto algunas cosas y en otras ocasiones me quedo fría como una piedra. Dudo si seré del todo racional y mis reacciones responden sólo a mis instintos, a algo que no puedo (ni quiero) controlar. El caso es que esta muerte me ha caído encima como un jarro de agua fría.






La parte “positiva”, pues siempre hemos de intentar encontrar algo bueno hasta en lo peor, es que creo haber entendido un poco la filosofía que mueve a estas personas. Que no son tarambanas que actúan a tontas y a locas, sino que tienen muy claro lo que está en juego, y así lo señalaba el mismo Iñaki al decir: "No me hago ilusiones. Si algún día me da un mal por ahí arriba, allí me quedaré". Y allí se quedará, tal y como ha anunciado su familia, atendiendo a su expreso deseo.



No les veré más como esos locos que van buscando la muerte, sino como soñadores, aventureros que se fijan unas metas a las que son capaces de consagrar su vida, y que disfrutan desde el primer momento, cuando tocan los meses de preparación hasta llegar a la cima, pasando por momentos de dureza que sólo se explican si se miran como actos de amor. Quizás el poder contemplar de cerca lo que el resto de los mortales apenas acertamos a soñar les lleve a poner en riesgo su propia vida, o tal vez su amor por la montaña pueda más que el cerebro, que invita a quedarse en casa.



La solidaridad de la que han hecho gala los otros montañeros, que apenas le conocían, me ha sorprendido muy gratamente. Y lo que más, que eso no es algo extraño, que es como si tuviesen un código de valores que aquí abajo, los que nos quedamos en los valles sin subir nunca a la cima, estamos perdiendo. Quiero agarrarme a eso, quiero quedarme con la lección de principios que han dado todos ellos. Y quiero desearle que descanse en paz en el lugar por el que fue llamado “con cantos de sirena”.


6 comentarios:

Laura dijo...

Una mala noticia sin duda. Tampoco yo he entendido nunca cómo podían estar tan locos para poner en peligro sus vidas de ese modo. Obviamente tiene algún sentido para ellos y ellas, que a mí se me escapa.
Me alegro mucho de que las malas noticias no tuvieran que ver directamente contigo, y muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.

Luna dijo...

Vaya, no me habia enterado...:(
Supongo que son gentes de otra raza...
Habrá quién diga valientes, por lo que consiguen..
Habrá quién diga, insensatos o egoístas por no pensar en lo que dejan, o en los que sufren...

Algo debe haber en la montaña...en el reto de verse en lo más alto del mundo que hace que gente como él se juegue la vida (y la pierda) por volver...

Bezoz.

conxa dijo...

Yo creo que puedo llegar a entenderlos, debe ser como rozar el paraiso. Y a veces rozar el paraiso es muy caro.

Yo también me senti muy mal cuando me enteré.

Stultifer dijo...

Les mueve el afán de superación de ellos mismos, y que cuando estás allá ariba, alejado de todo el mundanal, uno se siente a sí mismo. ¿Sabes? allí arriba no hay mucho imbécil.

BIRA dijo...

Holas. Gracias por tu preocupación, Laura. Ya ves que no era "nada mío" lo que me tenía así ayer.

Luna, yo creo que sólo ellos pueden de verdad entender por qué lo hacen, pero a mí ayer me dejaron entre todos muy claro que tienen valores y principios (al menos en la montaña, no sé en su día a día) que otros no tenemos. Empezando por mí, que estaría dispuesta a arriesgar mi vida por muy pocas personas.

Exacto, Conxa, algo debe llevarles a hacer lo que hacen, y yo no lo entiendo de otra forma que no sea, digamos, un acto de amor, de entrega absoluta. Supongo que para ellos eso es la felicidad. Y, desde luego, lo respeto.

Stultifer, creo que los imbéciles son, además, cobardes. No me los imagino realizando ninguna azaña de esta índole.

Saludos a todos. Que tengais un buen finde!

Dita Ciccone dijo...

allí arriba no hay mucho imbécil.. .jajaja, me encanta ese comentario, aunque creo firmemente que unos sin los otros, imbéciles o no, no sobrevivimos, en el fondo somos animales sociales.

Pobre hombre, de todos modos