domingo, 22 de febrero de 2009

Akamba. Jueves 25 septiembre 2008. Día 17. Mombasa II.

Al ser Mombasa una isla comunicada por puentes, ferrys y demás, confieso que en ocasiones me sentía un poco perdida, y no sabía si estaba en tierra firme, o si en la isla o dónde. En el camino hacia la siguiente parada pudimos observar nuevamente el puerto, lleno hasta rebosar de grandes contenedores y con decenas de camiones esperando para cargar la mercancía. También nos cruzamos con baobabs impresionantes y pudimos observar el ferry con la distancia necesaria para poder hacer fotos. Cuando viajas en él, los carteles te indican que está prohibido hacer fotos. Mientras el Costillo y Kombo conversaban acerca del ferry y de la vida en la ciudad, Murphy, el chófer, me explicó que antes estos árboles eran venerados como dioses y hasta les rezaban. Y lo hace casi con risas. Yo, que no soy la más lista de la clase y tengo muy poca prudencia, le digo que es lógico que los adorasen si de ellos obtenían beneficios tan importantes como el agua en tiempos de sequía. Él me mira de hito en hito, casi escandalizado, pensando que los extranjeros somos todos unos herejes, o al menos esta española en particular lo es. Que dios es uno y punto pelota, y que los antiguos estaban más bien locos. Vale, para ti la pelota. Llegamos a Akamba Handicraft, una cooperativa fundada en 1963, año de la independencia del país, contaba en principio con unos cien artesanos. A lo largo de su historia ha llegado a albergar 8.000 trabajadores en su seno, entre escultores, limpiadores, transportistas y otras tareas complementarias. La grave crisis que sufrió el país en diciembre de 2007, a raíz de los enfrentamientos violentos entre las dos principales tribus, que causaron más de mil muertos, también se ha notado aquí. Nos contaban que ahora son poco más de 3000 los trabajadores y que no hay tantos turistas como antes por lo que las ventas han descendido de forma drástica. Esto último pudimos apreciarlo nosotros mismos, pues aunque había bastante gente no estaba, ni mucho menos, saturado.













Esta factoría de esculturas talladas es la segunda más importante de África, después de la de Sudáfrica. Los escultores han aprendido a tallar la madera de sus abuelos, la mayoría de ellos cuando todavía eran niños y seguramente sin pensar que algún día ese aprendizaje sería lo que les sacaría del hambre y de la miseria. Más bien sería como un juego. Para entrar a trabajar allí han de pasar un proceso de selección que no resulta nada fácil, ya que este es uno de los trabajos mejor considerados entre los keniatas. Una vez conseguido el puesto sólo queda dar lo mejor de sí mismos intentando "dar vida" a un simple trozo de madera. Y las diferencias entre los distintos tipos de madera utilizados fue una de las primeras cosas que nos explicó Kombo: muchas veces pretenden venderte teka como si fuese ébano, que es el más preciado y también, por qué no decirlo, el más escaso. De ahí que en Akamba utilicen mayoritariamente madera del Neem (sauce) como alternativa, aunque siguen empleando ébano y caoba y otras maderas. Los “talleres” ocupan un inmenso territorio y no son más que simples chabolitas, con cuatro palos a modo de pilares y un techo de paja. El calor es considerable y casi todos los trabajadores tallan con el torso desnudo. Nos acercamos a unos y otros intentando captar cada detalle, deslumbrándonos con la capacidad artística de estas personas, con la “magia” que implica obtener figuras bellísimas partiendo de un taco de madera. Y sorprende más aún los instrumentos tan rudimentarios que utilizan para ello. Todo es absolutamente artesanal, de ahí que sea complicado que existan dos piezas iguales. Todo esto hace que me acuerde (todavía más) de mi SuperPapi, que lleva años trabajando la madera con una simple navaja y poco más. Tratada y cortada la madera, el primer paso es, a base de golpes, ir creando una figura que se asemeje a lo que quieren crear. Después vendrá un trabajo más delicado en el que las formas se depuren y cuyo resultado son las espectaculares tallas africanas que todos hemos visto alguna vez (algunas de las cuales decoran nuestro salón... y hasta aquí puedo leer). Hay también algunas mujeres trabajando, no muchas, la verdad, y se dedican básicamente a pintar o retocar las esculturas ya terminadas, o a hacer los collares, pendientes y pulseras que adornarán las figuras humanas. Aunque las esculturas “más buscadas” son las que representan a los cinco grandes -león, leopardo, rinoceronte, elefante y búfalo -, también es posible encontrar otras muchas, hasta nacimientos!!
















Como el propio nombre indica, Akamba funciona a modo de cooperativa. Hay trabajadores especializados y otros que pueden realizar todas las funciones. Cada trabajador tiene un número asignado, y ese número quedará plasmado en cada una de sus esculturas. Una vez terminadas las esculturas son llevadas a una gran tienda que hay a la entrada del recinto, en la que te volverás un poco loco y querrás comprarlo absolutamente todo. Hay figuras muy simples, pero otras son verdaderas obras de arte. Algunas son inmensas otras chiquitinas. Disponen, como muchas otras tiendas del país, de servicio de envío, vía DHL, y es una de las primeras cosas que te dicen: no importa el tamaño, te lo enviamos donde quieras. Claro que los precios no están para cualquier bolsillo. Hay algunas de precios astronómicos, aunque si se compara su calidad con "obras de arte de algún museo", casi que hasta se las puede tildar de baratijas. Del precio de compra, un ochenta por ciento será para el trabajador que la ha realizado (de ahí la importancia del número) y el veinte por ciento restante es para la cooperativa.

No toda la producción se vende en Akamba. Casi el treinta por ciento se exporta al extranjero y una gran parte se distribuye por todo el país para que sea vendida en los diferentes curios. Además, también trabajan “por encargo”. A través de su página web reciben encargos de todo el mundo (aunque los gastos por envío las convierten en auténticos objetos de lujo y nos hacen desistir de intentarlo siquiera). He leído en algunos blogs que los precios de las estatuas en la tienda son carísimos. No es cierto. Desde luego no es un "código cien" en el que comprar cosas a un euro, pero es que estamos hablando de artesanía. En fin, que hay de todo y, desde luego, resulta bastante más aconsejable comprar aquí que en muchos curios, donde pretenden sacarle un 300 % a cada pieza. Para nosotros, desde luego, resultó imposible salir de allí con las manos vacías.

Continuará...

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Día diecisiete, primera parte, aquí.

9 comentarios:

The Pilgrim dijo...

Y luego me dices que si viajo mucho, que si parezco Willy Fogg... desde luego!!!!
Fascinante África, gracias por compartir la experiencia!

Un beso muy fuerte

Thiago dijo...

jaja que interesante cari, tengo que enseñarselo a mi mami que está empeñada en decorar la escalera con motivos tribales, ya ha comprado un cuadro enorme de una mujer masai y unos bambues que los puso allí asi apoyados como si tal cosas, y ya lleva compradas 3 esculturas como africanas: jirafa, nego y cabeza de negro, pero no le convence ninguna pq quiere algo mas grande. Ha visto unas cigueñas pero son 3 y le piden 300 euros y está la pobre todo el día pensandolo, jajaja voy a ver su pagina web, pq tu padre con la navaja no querrá hacerle algo,no? jajaja

Bezos

Thiago dijo...

y no la escalera de hoy no me la ha robado Stultifer. Y no es que nos pongamos de acuerdo, es que cuando le hago un post-homenaje, va el tìo y me las roba, es que no lo puede evitar, jajajaja

Bezos

anapedraza dijo...

¿Caros? Siempre la artesanía tan mal valorada, y como es África tendría que estar regalado, ¡no te jode! Bira, dame un abrazote por valorar las cosas en su medida.

Un besote.

MIGUEL

BIRA dijo...

PILGRIM, es que tú cuentas las cosas con muchísimo más glamour que yo (bueno, es que yo no tengo ninguno) y trotar trotas bastante, eh trotamundos!. Bicos.

IAGO, cari, a tu Mami le encantarían estas figuras, te lo aseguro. En la página no vienen tantas como hay en la tienda, pero siempre puede hacerse una escapadita a Mombasa y traerlas ella, jeje. A ver, los precios que vienen en la página no son muy altos, pero sí los encarecen muchísimo los gastos de envío. Y es que las figuritas en cuestión (especialmente las grandes, como le gustan a tu Mamá) son muy pesadas. Había algunas más altas que el Costillo (decir más altas que yo no sería decir mucho, jeje). Esa escalera tiene que quedar monísima, espero que no te toque a ti andar recogiéndola, igual que los cojines del jardín :P

Besotes!

BIRA dijo...

MIGUEL, la verdad es que con muchos de los precios que nos dieron a lo largo del viaje nos quedamos atónitos. En algunos sitios nos pedían cuatrocientos y quinientos dólares por cosas que después vimos en Akamba por doscientos, o menos. Desde luego que la artesanía, como otros artes, es un artículo de lujo, el que lo quiera que lo pague, y el que no, que no se queje!

Este lugar me gustó muchísimo (creo que se nota) porque de verdad es una buena fuente de ingresos para ellos. Claro que no ganan los sueldos del mundo occidental, pero sí bastante más que en otros trabajos. Y hacen cosas que son absolutamente maravillosas. Un abrazo para ti también.

Stanley Kowalski dijo...

Qué belleza las fotos, los recorridos, las artesanías, me hace acordar tanto la película OUT OF AFRICA!.

BESOS

Laura dijo...

Cómo me hubiera gustado visitar esa cooperativa. ¿No nos enseñarás algo de lo que compraste?
Besos.

Carabiru dijo...

No me extraña que no pudiéseis salir sin nada! Jejejjee, hacen cosas preciosas.